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lunes, marzo 29, 2010

Paréntesis






Siempre he sido una mujer reservada, de pocas palabras, ya que siempre he pensado que si no tengo nada bueno que decir, lo mejor es el silencio. Desde pequeña he tenido el gusto por la lectura ,afición que no se exactamente como surgió ya que nadie de mi familia gusta como yo del placer de leer un libro. De ahi que empece a escribir.

Hoy me preguntaron que porque escribía, y yo conteste que escribía para no gritar, para no llorar, para no asfixiarme. Escribir es la única forma en la que puedo escapar por un momento de la realidad en que vivo, se ha vuelto una catarsis diaria, que me limpia y me da el valor de continuar. Debo decir que no todo lo que escribo me ha sucedido y no con esto quiero decir que son mentiras. Escribo de lo que veo, de lo escucho, de lo que siento y de todo lo que me rodea, y que de alguna manera me afecta, de menos indirectamente.

Es cierto que para poder escribir hay que sentir y sangrar cada palabra para que pueda llegar realmente al alma de quien lo lee, pero también es cierto que una imaginación sedienta vierte una infinita gama de historias que se van formando en la mente, a veces, hasta el punto de creerlas ciertas, por lo menos para quien las crea.

Si bien no soy ni cercanamente una buena escritora, si soy una mujer que necesita sacar de alguna manera todas esas imágenes que revolotean en mi mente y a falta de no poder hacerlo con la voz, lo hace con la palabra escrita, y si alguien gusta de leer, lo que con placer comparto, y dar su opinión ya sea a favor o no , es bienvenida a este " Baúl de los suspiros" que he ido llenando amorosamente.


Solo modificando la realidad me ha sido posible llegar a soportarla

miércoles, febrero 17, 2010

El armario


Había decidido que hoy era el día, no podía posponerlo por más tiempo, y a pesar que en otras ocasiones logre esquivar mi responsabilidad, esta vez no había salida, tenía que hacer limpieza al armario. Me pare frente a su puerta, llevando como única arma un sacudidor, con el que pretendía atacar a los monstruos que en el se escondían. Después de respirar profundo y tomar valor repitiéndome que era necesario, abrí la puerta, era un mundo aparte, lleno de objetos inanimados cubiertos por un terciopelo de polvo.

Cuanto tiempo había pasado desde que algo salió de ahí, no lo recuerdo, solo se que todos mis tesoros se resguardaban en sus cuatro paredes, ya fuera por descuido u olvido . Recorrí con la mirada su espacio, por donde empezar, aquello era un desastre.Una caja de color rosa ínsito mi curiosidad, me estire lo más que pude hasta alcanzarla, mientras la bajaba los recuerdos empezaron a surgir, la caja de mis muñecas, únicas amigas de mi solitaria niñez, les había prometido nunca abandonarlas, tal vez fue la primera promesa que rompí. Con los años los amigos llegaron desplazando a las perfectas confidentes de mis temores. Mi miraba se nublo por las lagrimas, apenas si podia ver, lo había olvidado era alérgica al polvo.


Me limpie las lágrimas y continúe con la misión, conforme bajaba por los estantes pasajes de mi vida aparecían desordenando mis ideas. Recuerdo esos patines, o mas bien, recuerdo las cicatrices de mis rodillas y codos  tratando de saltar las escaleras del vecino, no me rompí un hueso no se por cual milagro divino, la pubertad me volvio hiperactiva.

La vieja maquina de escribir, testigo de las miles de cartas de amor que deje en el buzón de aquel chico , yacía empolvada en el rincón tras la puerta, la levante y al sacudirla descubrí en ella la pureza perdida del primer amor y también de la primera decepción, recordé como fue a dar ahí ,desplazada en mi cumpleaños numero 13 por mi primer computadora.

Al fondo una maleta oscura resguardaba un montón de papeles, y entre ellos se encontraba el tesoro más preciado de todos, mi viejo diario, cuantos secretos de adolescencia, se escondían en cada palabra. También había prometido nunca dejarlo olvidado por ahí, segunda promesa que rompí. Mis ojos, otra vez se aguaron, pero esta vez, no fue la alergia.